sábado, 21 de mayo de 2011

desde el momento en que puse la llave en la cerradura me di cuenta.
el aire se cubrió de olor a tierra mojada. y dejé de respirar por unos cuantos segundos. me dolía ese olor.
adentro había cierto desorden. me senté en la cama. miré todo el silencio que me rodeaba. 
salía de todos lados. de atrás del atril y desde los parlantes del equipo de música. desde los platos apilados en la pileta de la cocina y escondido atrás de las cortinas. lo veía adentro del televisor. el silencio me observaba atento. esperaba que yo hiciera algo.
pero me quedé sentado en la cama. mirando todo el silencio que me rodeaba. 

entonces empezó a sonar el segundero del reloj del comedor. y me acarició el hombro la luz de un auto que pasaba por la calle.

se había ido.

quería atarme a los dedos las horas hablando por teléfono, las comidas en silencio y las tardes en la reserva ecológica. sentía cómo se me escapaba su voz por los oídos. todas las palabras, todos los quejidos.
podía ver cómo cada parte de su piel se me escurría por las manos. y una vez en el piso sólo era un extraño.
no pude reconocerlo entre el rojo en el que nadaba y el azul que lo había invadido. 

3 comentarios:

Lau dijo...

desgarra la última frase,
es cierto.
pero por favor,
lavá pronto los platos,
que no te invada el olor a podrido,
porque atrae


buitres.

Lau dijo...

(tequiero)

Volviendo a Crecer dijo...

es domingo a la tarde y mientras preparamos el mate, hacemos pororós y leemos escuchamos la música que suena acá.
Gran domingo el que está transcurriendo!!
De tus textos habría mucho para decir pero decidí agradecer por esta linda música.
Un gran hallazgo el de hoy gracias a aparecer sugerido en el blog de Kenny.
Te mando un abrazo Joni.
Diego